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¿POR QUÉ LOS ABOGADOS CONTESTAMOS A LAS CONSULTAS CON UN DEPENDE?

“Depende”. Esa palabra que todo abogado pronuncia con la tranquilidad de quien ya sabe que es imposible explicarlo todo en un solo sorbo. Esa respuesta que los clientes odian con pasión, los jueces entienden en silencio y los colegas usan como si fuera una muletilla indispensable para sobrevivir. En el ecosistema jurídico colombiano y me atrevería a decir que en cualquier sistema del mundo el “depende” es más que una respuesta: es una filosofía, una estrategia de vida y, a veces, un mecanismo de defensa emocional. Porque sí: el abogado también siente, aunque por momentos parezca que solo recita códigos.


Quien escuche el famoso “depende” por primera vez podría pensar que el abogado está evadiendo la pregunta, que no quiere comprometerse o que simplemente está siendo diplomático. Pero detrás de esa palabra vive un universo lleno de matices, escenarios posibles, jurisprudencias contradictorias, doctrinas que pelean entre sí, interpretaciones flexibles, experiencias previas y hasta intuiciones de litigante. Lo que para el cliente es una pregunta de sí o no ¿gano o no gano?, ¿puedo demandar?, ¿esto prescribe?, ¿ qué posibilidades tengo? para el abogado es un abanico de variables que pueden cambiarlo absolutamente todo.


Los abogados contestamos “depende” porque sabemos que el Derecho es como una fotografía borrosa: uno cree que está viendo algo claro, pero cuando se acerca descubre sombras, detalles ocultos o ángulos que había pasado por alto. Un caso nunca es igual a otro, por más que se parezcan. Dos personas nunca relatan los hechos de la misma manera, dos jueces jamás razonan exactamente igual, y dos expedientes que nacen con apariencia de gemelos terminan tomando caminos completamente distintos. En esa complejidad infinita, la única respuesta sensata es esa palabra que a tantos desespera: depende.


Además, está el encanto de nuestra justicia: esa mezcla perfecta entre técnica jurídica y novela dramática. Porque todos sabemos que en el camino procesal pueden aparecer sorpresas: un testigo que cambia la versión en el último minuto, un oficio que no llegó, un documento que la contraparte “misteriosamente” no había mencionado, o, mejor aún, una jurisprudencia fresca del día anterior que le da la vuelta a todo. El abogado, consciente de esa volatilidad, simplemente se protege: si promete un resultado, miente; si promete certezas, improvisa; si promete tranquilidad absoluta, se arriesga a defraudar. Por eso, “depende” es, paradójicamente, la respuesta más honesta del mundo jurídico.


Pero también seamos sinceros: el “depende” tiene un toque humorístico que solo los abogados entendemos. Es como un chiste interno, un código compartido. En reuniones, uno puede ver cómo los clientes contienen la respiración esperando una respuesta contundente… y luego aparece el “depende” como quien deja caer un piano desde un tercer piso. Algunos se resignan, otros se ríen, otros fruncen el ceño. Los estudiantes de Derecho, por su parte, pasan por un proceso evolutivo: primero prometen todo, luego dudan de todo, y finalmente aprenden a decir “depende” con la seguridad de un maestro zen. Ese es el verdadero momento en que se gradúan emocionalmente.


También es importante mencionar que el “depende” es una forma de evitar engaños innecesarios. El cliente quiere certezas, pero la justicia no las ofrece. Lo que el abogado sí puede ofrecer es claridad: explicar los escenarios, las fortalezas del caso, los riesgos, los márgenes de maniobra y las estrategias posibles. Por eso, cuando decimos “depende”, en realidad queremos decir: depende de lo que podamos probar, depende de la calidad de la evidencia, depende del criterio del despacho, depende del tipo de juez, depende de la ética de la contraparte, depende del tiempo procesal y, sí, depende incluso de factores menos confesables como la congestión del sistema o el estado de ánimo de quien decide. Lo increíble del Derecho es que conviven la lógica más pura con la realidad más caótica.


Y en medio de todo, el cliente debe saber algo: cuando un abogado dice “depende”, no está dejando la respuesta a la suerte. Está reconociendo que hay caminos posibles, que nada está escrito en piedra, que cada actuación tiene consecuencias y que cada paso debe pensarse con estrategia. Ese “depende” abre una puerta para construir el caso con cautela, para tomar decisiones informadas y para ajustar el rumbo cuando aparezcan obstáculos inesperados. Es un “depende” que invita a la prudencia, pero también a la acción.


En conclusión, los abogados contestamos “depende” porque entendemos que la vida y el Derecho se escribe con matices, no con absolutos. Decimos “depende” porque respetamos la complejidad de cada caso, porque honramos la responsabilidad de no prometer lo que no se puede garantizar, y porque preferimos explicar posibilidades en vez de vender certezas que no existen. Decimos “depende” porque es la respuesta más sincera, más profesional y también, por qué no, más humana que podemos ofrecer. Al final, el “depende” no es una evasiva: es una invitación a profundizar, a comprender mejor y a trabajar juntos en la construcción del resultado. Y aunque muchos lo tomen como un chiste, lo cierto es que en Derecho como en la vida misma casi todo lo que importa… depende.

 

 

 

 

Nota:

 

Atienza, Manuel. Curso de argumentación jurídica. Trotta, 2013. 

Bayón, Juan Carlos. Derecho, incertidumbre y argumentación jurídica. Marcial Pons, 2011.

Calamandrei, Piero. Elogio de los jueces escrito por un abogado. Reus, 2017.

Díez Ripollés, José Luis. Racionalidad y Derecho. Trotta, 2003.

Gladwell, Malcolm. Blink: Inteligencia intuitiva. Taurus, 2005.

Moll, Jean Pierre. La tarea del abogado: ética, estrategia y comunicación. UNAM, 2014.

Twining, William. Cómo razonan los abogados. Marcial Pons, 2017.

Zumbo, Giovanni. Psicología del abogado: emociones, decisiones y estrategia. Astrea, 2019.

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